Flow, Blender y cine de autor
Un Óscar que vale por tres
Por Emilio Gola
Rara vez los premios Óscar distinguen a las producciones independientes. Mucho menos una de animación. Pero eso fue lo que pasó con Flow: tras ganar el Globo de Oro, Annecy y un César (entre más de 50 galardones) el film se llevó una estatuilla que, de paso, rindió tributo al cine indie, al arte de Letonia y al software Blender.
La historia del gato que recorre un paisaje ominoso junto a otros animales comenzó en 2019. Su director, Gints Zilbalodis, contó con una reducida estructura de artistas y animadores (tan reducida que decidieron utilizar todas las escenas como quedaron), y nunca cedió el control creativo. Entre las decisiones que tomó, estuvo la de utilizar su propia PC para el render final en vez de las "granjas", la de respetar en lo posible las "voces" de los animales y la de utilizar Blender de principio a fin, realizando el concept art y los animatics dentro del programa.
El software open source y gratuito fue clave para darle una vuelta de tuerca al diseño general. Todo es realista, pero semipixelado al mismo tiempo; y cada momento ofrece un manejo de cámara único, incluyendo planos secuencia que alcanzan distancias impresionantes. Siempre llevado por esa corriente ominosa, el cambiante ritmo vuelve a demostrar que, cuando hay talento y creatividad, hasta la misma herramienta de trabajo se puede moldear.
Blender ya había sido utilizado en otras producciones que, incluso, ofrecían una estética realista o más cercana a la tradición 3D de este campo. Pero nunca había llegado a este punto. Y para completar el fantástico cuadro, todo el renderizado se hizo en EEVEE, motor en tiempo real que, usualmente, solo se emplea en las previsualizaciones.
"Creo que si trabajas en un proyecto independiente más pequeño, no deberías intentar copiar lo que hacen los grandes estudios. En cambio, deberías desarrollar un flujo de trabajo que se adapte mejor a ti y a tu equipo", explicó Zilbalodis en una entrevista publicada en la web de Blender.
Desde su trailer, Flow asomaba una sucesión de niveles con un personaje principal, casi como un videojuego. Además, había ruido visual debido al contraste de los animales con entornos de corte más realista. Pero la película logró sobreponerse a los comentarios en base a lo más esencial del séptimo arte: cada escena tiene su conflicto, con principio, desarrollo y desenlace. Adiós al videojuego, hola al cine.
No solo entrega un mensaje sutil sobre el (mal) comportamiento humano frente a la naturaleza, sino también una gran esperanza para quien quiera sumergirse en el mundo de la animación.
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